La fascitis plantar es una de las causas más frecuentes de dolor en el talón, especialmente al levantarse por la mañana o después de estar mucho tiempo sentado.
Muchas personas buscan estiramientos, plantillas o reposo… pero pasan por alto un factor clave: el calzado que utilizan cada día.
En este artículo te explicamos qué relación real existe entre la fascitis plantar y el calzado, por qué algunos zapatos empeoran el problema y qué características ayudan de verdad a aliviar la sobrecarga del pie.
¿Qué es exactamente la fascitis plantar?
La fascia plantar es una banda de tejido que recorre la planta del pie desde el talón hasta los dedos.
Su función es:
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Sostener el arco plantar
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Absorber impactos
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Ayudar a la propulsión al caminar
Cuando esta estructura se sobrecarga o se tensa de forma continuada, aparece la inflamación y el dolor característico.
El síntoma más típico:
dolor punzante en el talón al dar los primeros pasos del día
El error más común: tratar la fascitis sin revisar el calzado
Uno de los mayores errores es pensar que la fascitis plantar aparece “porque sí” o solo por exceso de actividad.
En realidad, el pie pasa muchas horas dentro de un zapato que puede:
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Alterar la pisada
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Limitar el movimiento natural
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Generar tensiones constantes en la fascia
Aunque no hagas deporte, el calzado diario puede ser el principal desencadenante.
Cómo influye el calzado en la fascitis plantar
Suelas rígidas que no acompañan el movimiento
Cuando la suela no se flexiona:
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El pie no puede trabajar correctamente
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La fascia soporta más tensión
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El impacto no se reparte de forma natural
Resultado: sobrecarga repetida en la zona del talón.
Elevación del talón (drop)
Un pequeño desnivel entre talón y antepié:
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Cambia la biomecánica del pie
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Aumenta la tensión constante de la fascia
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Obliga al cuerpo a compensar durante horas
El problema no es solo caminar, sino mantener esa posición todo el día.
Falta de espacio para los dedos
Cuando los dedos no pueden abrirse:
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El arco plantar pierde estabilidad
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La fascia trabaja en exceso
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El apoyo se vuelve menos eficiente
Un antepié comprimido = más carga en el talón.
Amortiguación excesiva que “desconecta” el pie
Aunque suene contradictorio, demasiada amortiguación:
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Reduce la sensibilidad del pie
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Debilita la musculatura intrínseca
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Hace que la fascia asuma más trabajo del necesario
Más acolchado no siempre significa menos dolor.
Por qué el dolor suele ser peor por la mañana
Durante la noche:
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El pie descansa
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La fascia se acorta ligeramente
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Al levantarte, se estira de golpe
Si durante el día el calzado sigue manteniendo la tensión, la fascia nunca se recupera del todo.
Por eso el dolor se vuelve recurrente y persistente.
¿Qué características debería tener un calzado si tienes fascitis plantar?
Sin prometer soluciones mágicas, estas características ayudan a reducir la sobrecarga:
Suela flexible
Permite que el pie se mueva y absorba impactos de forma natural.
Suela plana (sin drop)
Reduce la tensión constante en la fascia.
Espacio real para los dedos
Mejora la estabilidad y el reparto de cargas.
Materiales adaptables
Que acompañen el movimiento, no lo bloqueen.
El objetivo no es “inmovilizar” el pie, sino devolverle su función progresivamente.
¿Y las plantillas o los estiramientos?
Pueden ayudar de forma puntual, especialmente en fases agudas, pero:
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No eliminan la causa
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No compensan un calzado inadecuado
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No fortalecen el pie por sí solos
Si el zapato sigue generando tensión, el problema tiende a cronificarse.
Conclusión: la fascitis no aparece por casualidad
La fascitis plantar no es solo una inflamación aislada.
Es la consecuencia de una sobrecarga mantenida en el tiempo, y el calzado juega un papel mucho más importante del que suele creerse.
Revisar qué llevas en los pies cada día es, muchas veces, el primer paso para dejar de convivir con el dolor.
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