¿Por qué te duelen los pies aunque uses zapatillas “cómodas”?

¿Por qué te duelen los pies aunque uses zapatillas “cómodas”? - GARÓS

Muchas personas usan zapatillas que consideran cómodas, con buena amortiguación, acolchadas y de marcas reconocidas… y aun así terminan el día con dolor en los pies.
Este dolor no es normal ni inevitable. En la mayoría de los casos, tiene una explicación clara: el diseño del calzado no respeta la anatomía ni la función natural del pie.

En este artículo analizamos por qué ocurre esto y qué factores del calzado convencional pueden estar detrás del dolor, incluso cuando aparentemente “no aprieta”.


La falsa idea de comodidad en el calzado

Durante años se ha asociado la comodidad a:

  • Mucha amortiguación

  • Suelas gruesas

  • Plantillas blandas

  • Sensación de “no notar el suelo”

Sin embargo, comodidad inmediata no significa salud a largo plazo. Un zapato puede resultar agradable al ponérselo y, aun así, alterar la forma de pisar, limitar el movimiento natural del pie y generar sobrecargas.


Amortiguación excesiva: cuando el pie deja de trabajar

La amortiguación continua:

  • Reduce la información sensorial que recibe el pie

  • Hace que la musculatura intrínseca trabaje menos

  • Favorece una pisada más agresiva sin que el cuerpo lo perciba

A medio y largo plazo, esto puede provocar:

  • Fatiga plantar

  • Sensación de pies “cansados”

  • Dolor en el arco o el talón

  • Molestias que aparecen incluso caminando poco

El pie está diseñado para amortiguar de forma natural, no para depender siempre de una suela artificial.


La elevación del talón y sus consecuencias

Muchos zapatos, incluso deportivos, presentan una ligera elevación del talón. Aunque parezca mínima, tiene efectos claros:

  • Desplaza el peso corporal hacia delante

  • Aumenta la presión en antepié y dedos

  • Modifica la alineación de tobillos, rodillas y cadera

Esta alteración constante puede acabar reflejándose no solo en los pies, sino también en rodillas, caderas o zona lumbar.


Punteras estrechas: el origen de muchas molestias

Uno de los factores más determinantes es la forma de la puntera.
El pie humano es ancho en la zona de los dedos, pero gran parte del calzado convencional:

  • Junta los dedos

  • Limita su expansión al caminar

  • Obliga a adoptar posiciones antinaturales

Esto puede favorecer:

  • Callosidades

  • Dedos en garra o martillo

  • Juanetes

  • Sensación de presión incluso sin dolor inmediato

Muchas personas no relacionan estas molestias con el calzado porque se han acostumbrado a ellas.


Rigidez: cuando el zapato dirige tu pisada

Un zapato rígido:

  • Limita la movilidad natural del pie

  • Obliga a flexionar siempre por el mismo punto

  • Reduce la participación activa de músculos y tendones

Con el tiempo, esto genera una pisada menos eficiente y mayor carga en estructuras que no deberían asumirla solas.


Señales claras de que tu calzado no está funcionando

Aunque no sientas dolor intenso, presta atención si:

  • Te quitas los zapatos con alivio

  • Notas presión en los dedos al final del día

  • Aparecen molestias tras caminar distancias cortas

  • Sientes los pies cansados sin motivo aparente

Estas señales indican que el calzado no está ayudando a tu pie, sino compensándolo de forma artificial.


¿Existe una alternativa más respetuosa?

Cada vez más estudios y profesionales coinciden en que el pie necesita:

  • Espacio para moverse

  • Libertad para flexionar

  • Estímulo sensorial del suelo

  • Trabajo muscular activo

El enfoque del calzado barefoot o respetuoso parte de esta base: permitir que el pie funcione como fue diseñado, sin forzarlo ni inmovilizarlo.


Conclusión

El dolor de pies no es una consecuencia inevitable de caminar o trabajar de pie.
En muchos casos, el problema no está en el pie, sino en el tipo de calzado que se utiliza a diario, incluso cuando se percibe como cómodo.

Entender cómo influye el zapato en la biomecánica del cuerpo es el primer paso para tomar decisiones más conscientes y cuidar la salud desde la base.

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